
Dos andaduras, un mismo club
La historia del C.B. Baixo Miño Basket nace de una forma muy sencilla, de un grupo de padres y madres viendo cómo sus hijos e hijas buscaban cualquier oportunidad para jugar al baloncesto.
Jugaban en el colegio, en los parques… y de aquella afición fue surgiendo una pregunta: ¿por qué no crear en el Baixo Miño un espacio en el que pudieran aprender y practicar baloncesto de forma organizada?
La primera piedra la puso Pili Abuín. Poco después se sumaron Fernando Román, Montse Mariño y Jose Collazo, acompañados por un pequeño grupo de voluntarios que ayudaron a poner en marcha el proyecto.
Así comenzó la historia del BMB.
2016: los primeros entrenamientos
Los primeros pasos se dieron en 2016, todavía de manera informal.
Comenzaron los entrenamientos en el pabellón del IES A Sangriña, inicialmente con una entrenadora contratada por el club. Era una primera toma de contacto, en un momento en el que prácticamente todo estaba por construir.
Poco después llegaron Dordi y Javi Niño, cedidos por el C.B. Tui, que ayudaron enormemente al BMB en sus primeros pasos y se convirtieron en dos de las figuras más importantes de aquella etapa como entrenadores.
El proyecto comenzaba a tomar forma.
2017: nace oficialmente el C.B. Baixo Miño Basket
Aquella experiencia iniciada en 2016 dio paso, en 2017, a la constitución oficial del club.
La primera experiencia competitiva llegó a través de la Liga Basketgal, entonces impulsada por Kopy y Rosi, desde Vigo. El objetivo de sus fundadores estaba claro desde el principio: consolidar un club de baloncesto y hacerlo crecer en la comarca del Baixo Miño.
La primera Junta Directiva estuvo formada por Fernando Román, Pili Abuín, Montse Mariño y Jose Collazo. Posteriormente se incorporó también Luis, uno de los primeros padres que se implicó activamente en la vida del club y que, según recuerda Jose, resultó de enorme ayuda durante los primeros años.
Poco a poco se fue formando una pequeña familia alrededor del BMB.
Crecer desde cero
Durante aquella primera andadura, el club llegó a contar con equipos infantil, cadete y juvenil.
El crecimiento no consistía únicamente en formar equipos o disputar partidos. Para los responsables del club, una de las mayores satisfacciones estaba en ver la evolución de los propios niños y niñas. Aquellos jugadores que llegaban sin apenas conocimientos de baloncesto, algunos sin saber siquiera botar correctamente un balón, y que poco a poco aprendían, competían y, sobre todo, disfrutaban formando parte de un equipo.
Junto al deporte llegaron también las amistades, los torneos de verano y Navidad, los viajes y los recibimientos en otros pabellones.
El baloncesto se convirtió en un punto de encuentro para jugadores, familias, entrenadores y directivos.
El salto a la competición federada
Uno de los pasos más importantes de aquella primera etapa fue conseguir competir en la Liga Federada Gallega con un equipo infantil.
Los resultados no llegaron inmediatamente.
Pero precisamente por eso, uno de los recuerdos más emotivos de aquella primera andadura fue la primera victoria federada del club, conseguida en el último partido de aquella primera experiencia.
Después de una temporada complicada, aquella victoria se vivió como una auténtica fiesta.
No era simplemente ganar un partido: era comprobar que todo el trabajo realizado desde aquellos primeros entrenamientos comenzaba a dar sus frutos.
2019: el BMB estaba cogiendo impulso
2019 fue el mejor año de aquella primera etapa.
El equipo cadete competía a buen nivel y el club empezaba a funcionar con una dinámica cada vez más estable.
Pero los mejores recuerdos de aquella temporada no son únicamente deportivos. Muchos fines de semana, jugadores y familias se desplazaban juntos para ver partidos del Obradoiro, creando una convivencia que trascendía los propios entrenamientos y competiciones del BMB.
El club estaba cogiendo velocidad.
Justo antes de la pandemia, la sensación era de que “todo iba rodando, fluyendo”.
Fue precisamente en ese momento cuando todo se detuvo.
La pandemia y un parón que rompió la cadena
La llegada de la COVID-19 obligó a interrumpir la actividad.
Y el impacto fue mucho más profundo que dejar de entrenar durante unos meses.
Los jugadores de mayor edad fueron terminando su etapa, algunos se marcharon fuera para continuar sus estudios y el club no disponía entonces de una base suficientemente amplia de niños y niñas más pequeños que permitiera reconstruir los equipos.
La cadena se rompió.
Al mismo tiempo, los padres que habían iniciado el proyecto estaban desgastados después de varios años de trabajo y, como tantas otras familias durante la pandemia, las prioridades pasaron a ser otras.
Fueron años de incertidumbre en los que había cuestiones personales y familiares mucho más importantes que sacar adelante un club deportivo.
Jose Collazo continuaba vinculado al BMB, pero afrontar en solitario la recuperación del proyecto resultaba demasiado complicado.
Durante un tiempo, el baloncesto del BMB quedó parado.
Pero el club seguía existiendo.
Verano de 2022: una conversación que lo cambió todo
La segunda andadura del BMB comenzó casi por casualidad.
En el verano de 2022, Jose Collazo coincidió con Rubén Vega y le habló de la historia del club y de la situación en la que se encontraba.
Rubén conocía muy bien el mundo del baloncesto. Su trayectoria le había llevado desde su etapa como jugador, pasando por experiencias formativas en estructuras como la cantera del FC Barcelona o el Club Ourense Baloncesto, hasta continuar posteriormente vinculado a la enseñanza y a la formación dentro del baloncesto gallego.
Y su respuesta fue clara: había que recuperar el BMB.
Insistió tanto en volver a poner el proyecto en marcha que terminó ofreciéndose voluntariamente para colaborar como entrenador y ayudar también en la captación de nuevos niños y niñas.
Fue la pequeña chispa que faltaba.
El nuevo comienzo
Después de aquella conversación, José envió un mensaje al grupo en el que varias personas de la comarca quedaban habitualmente para jugar al baloncesto.
La propuesta era directa: hacía falta una nueva directiva para recuperar el club.
Respondieron Saúl Díaz, Tomás Riádos, Jorge Martínez, Diego Simoes, Óscar González e Iván Rodríguez.
Jose Collazo decidió acompañarlos durante el inicio de esta nueva etapa, asumiendo la presidencia para ayudar a una directiva más joven y sin experiencia previa en la gestión del club.
En aproximadamente dos semanas, el BMB estaba de nuevo en marcha.
Era una estructura muy diferente a la primera. Ya no nacía fundamentalmente de un grupo de padres de los propios jugadores. De hecho, entre aquellos nuevos directivos únicamente Óscar era padre de un niño del club.
Lo que los unía esta vez era directamente el baloncesto y las ganas de que el proyecto volviera a existir.
2022/23: volver a las pistas
La segunda andadura comenzó oficialmente en septiembre de 2022.
Alrededor de 15 niños y niñas comenzaron a entrenar nuevamente en el pabellón del IES A Sangriña.
Aquella primera temporada no había prisa por competir.
Lo principal era recuperar el contacto con el baloncesto, conseguir que los pequeños disfrutaran y empezar nuevamente a construir una base.
Rubén Vega asumió inicialmente los entrenamientos y el trabajo de captación.
Unos cinco meses después, por motivos laborales, tuvo que dejar la actividad diaria del club.
Fue entonces cuando se incorporó Mauro Rodríguez, actual entrenador del BMB, dando continuidad al trabajo iniciado durante aquellos primeros meses.
2023/24: el club comienza a crecer
En la temporada 2023/24, el número de jugadores se acercaba ya a los 25.
El BMB pudo formar un equipo de minibasket y comenzó a participar en la Liga Escolar Val Miñor, con un formato de concentración aproximadamente una vez al mes.
Fue un primer paso hacia la recuperación de la competición.
Durante esta etapa se incorporó también Fran Álvarez como entrenador, formando junto a Mauro la pareja que acompañaría el crecimiento deportivo del club.
A mitad de aquella temporada se produjo además otro de los grandes momentos de la segunda andadura: el acuerdo de patrocinio con ORPAGU.
Su llegada permitió dar un importante paso en la consolidación de la imagen del BMB y estrenar las equipaciones de juego con el patrocinador principal.
Posteriormente, durante el verano de 2024, el club ampliaría también su identidad con una pequeña línea de merchandising con sudaderas, mochilas, gorras y bidones.
2024/25: el salto a la Liga Basketgal
El crecimiento continuó durante la temporada 2024/25, alcanzando aproximadamente los 31 jugadores y jugadoras.
Después de la experiencia en la Liga Escolar Val Miñor, llegó el momento de asumir un nuevo reto, regresar a la Liga Basketgal, ya organizada por Rosi y con la colaboración de los centros y clubes participantes.
La competición implicaba ahora partidos aproximadamente cada quince días.
Era un paso natural, pero también un compromiso mucho mayor para las familias.
Diego Simoes desempeñó un papel importante a la hora de hablar con los padres y madres, y convencerlos de que el club estaba preparado para dar ese salto.
El resultado fue una temporada con representación en varias categorías:
Preminibasket: tercer puesto.
Minibasket: tercer puesto.
BMB White, infantil 3×3: campeón.
BMB Black, infantil 3×3: tercer puesto.
Aquella temporada se incorporó también a la Junta Directiva Cintia Domínguez, madre de uno de los jugadores del club.
Un paso al lado de Jose Collazo
En enero de 2025 se produjo también un cambio importante a nivel institucional.
Jose Collazo dejó la presidencia y Jorge Martínez asumió el cargo.
No se trató de una ruptura, sino de la evolución natural del proyecto.
Jose permaneció en la directiva como vocal y como consejero del club, aportando la experiencia acumulada desde aquellos primeros pasos de 2016 y ayudando a la nueva generación a continuar construyendo el BMB.
En la nueva estructura, Saúl Díaz ejerce como secretario, Óscar González sigue como tesorero y Tomás Riádos, Diego Simoes, Iván Rodríguez, Cintia Domínguez y el propio José Collazo forman parte de la directiva como vocales.
Dentro del trabajo diario, Diego fue asumiendo además un papel especialmente activo en la coordinación e impulso del club, mientras Iván se convirtió, entre otras funciones, en una de las principales personas detrás de la organización del Torneo 3×3 Vila da Guarda.
2025/26: el regreso a la competición federada
La temporada 2025/26 marcó otro punto de inflexión.
Durante esta temporada, Veraleza se sumó también apoyando de manera destacada el Campus de verano del club.
El club se acercaba ya a los 40 jugadores y jugadoras.
Tres años después de empezar prácticamente desde cero, el BMB estaba preparado para regresar a la competición federada.
El equipo minibasket dio el salto a la liga de la Federación Gallega de Baloncesto.
Pero al mismo tiempo surgió otro reto.
El BMB contaba con cuatro jugadores infantiles con muchas ganas de competir, pero insuficientes para formar un equipo propio.
Fue aquí donde una relación creada precisamente gracias al baloncesto abrió una nueva puerta.
Sauces-BMB: competir sumando
Durante la participación del BMB en la Liga Basketgal, Diego Simoes había conocido a Kopy y ambos habían establecido una muy buena relación.
Kopy ya había ayudado a Diego durante los trámites necesarios para incorporar al minibasket del BMB a la competición federada.
Al conocer que el club tenía únicamente cuatro infantiles, propuso una solución.
El equipo de Los Sauces, con nueve jugadores, también solía afrontar las convocatorias con una plantilla bastante ajustada.
¿Por qué no unir fuerzas?
Así nació el Sauces-BMB, formado por nueve jugadores de Los Sauces y cuatro del Baixo Miño Basket.
Más que una solución puntual, aquella colaboración mostró otra de las posibilidades del crecimiento del club: establecer relaciones con otras entidades y trabajar conjuntamente para que ningún niño con ganas de jugar se quede sin competir.
Una historia que continúa
La segunda andadura también ha hecho que el BMB crezca fuera de las ligas.
Torneos, actividades escolares, campus, 3×3 y acciones abiertas a la localidad fueron convirtiéndose progresivamente en otra parte importante del proyecto.
Jose Collazo, que ha vivido desde dentro las dos andaduras del club, resume probablemente mejor que nadie lo que significa todo este camino: «Lo más especial no son necesariamente las clasificaciones o las victorias, es ver llegar a un niño o una niña sin saber prácticamente botar un balón y comprobar años después todo lo que ha sido capaz de aprender, mientras hace amistades y crece con los valores de un deporte de equipo.»
Para él existe además un recuerdo especialmente personal: ver a su propio hijo, perteneciente a la primera cantera del BMB, llegar posteriormente a competir en liga provincial y seguir diciendo con orgullo que venía del C.B. Baixo Miño Basket.
El objetivo continúa siendo el mismo que movió a aquellos primeros padres en 2016: ofrecer oportunidades para jugar al baloncesto en A Guarda y ayudar a que este deporte siga creciendo en el Baixo Miño.
